Lecturas de hoy

Descubre las lecturas del día, medita el Evangelio, reza con la Liturgia de las Horas, ¡y vive todo el día en oración!

Lecturas de hoy:

22 de marzo 2026

Celebramos:

Ciclo: A
Año: II
Color: Morado
V
Semana del Tiempo de Cuaresma

Laudes

Tiempo de Cuaresma

Domingo de la Semana V

De la Feria. Salterio I

Invitatorio
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona


Se puede repetir la antífona:


Himno


Salmodia

Antífona 1:

Salmo 62, 2-9 EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote,
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Se dice: Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la antífona:


Antífona 2:

Dn 3, 57-88, 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos  y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Se puede repetir la antífona:


Antífona 3:

Salmo 149
ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Se dice: Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la antífona:


Lectura Breve

Juan 11 1-45

En aquel tiempo se encontraba enfermo Lázaro en Letanía el pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: «Señor el amigo a quien tanto quieres está enfermo».

Al oír esto Jesús dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte sino que servirá para la gloria de Dios para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta a su hermana y a Lázaro. Sin embargo cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: «Vayamos otra vez a Judea». Los discípulos le dijeron: «Maestro hace poco que los judíos querían apedrearte ¿y tú vas a volver allá? » Jesús les contestó: «¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; en cambio. El que camina de noche tropieza porque le falta la luz».

Dijo esto y luego añadió: «Lázaro nuestro amigo se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo». Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor si duerme es que va a sanar». Jesús hablaba de la muerte pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto y me alegro por ustedes de no haber estado ahí para que crean. Ahora vamos allá». Entonces Tomás por sobrenombre el Gemelo dijo a los demás discípulos: «Vayamos también nosotros para morir con él».

Cuando llegó Jesús Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén como a unos dos kilómetros y medio y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: «Señor si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del ultimo día». Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías el Hijo de Dios el que tenía que venir al mundo».

Después de decir estas palabras fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: «Ya vino el Maestro y te llama». Al oír esto María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús porque él no había llegado aún al pueblo sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa consolándola viendo que ella se levantaba y salía de prisa pensaron que iba al sepulcro para llorar ahí y la siguieron.

Cuando llegó María adonde estaba Jesús al verlo se echó a sus pies y le dijo: «Señor si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano». Jesús al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: «¿Dónde lo han puesto?» Le contestaron: « Ven Señor y lo verás». Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: «De veras ¡cuanto lo amaba!» Algunos decían: «¿No podía éste que abrió los ojos al ciego de nacimiento hacer que Lázaro no muriera?»

Jesús profundamente conmovido todavía se detuvo ante el sepulcro que era una cueva sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: «Quiten la losa». Pero Marta la hermana del que había muerto le replicó: «Señor ya huele mal porque lleva cuatro días». Le dijo Jesús: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantando los ojos a lo alto y dijo: «Padre te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea para que crean que tú me has enviado». Luego gritó con voz potente: «¡Lázaro salde ahí!» Y salió el muerto atado con vendas las manos y los pies y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda andar».

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María al ver lo que había hecho Jesús creyeron en él.


Responsorio Breve


Cántico Evangélico

Antífona

Cántico de Zacarías

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Se dice: Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la antífona:


Preces

Se pueden añadir algunas intenciones libres

V.


Oración


Conclusión

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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