Lecturas de hoy
Descubre las lecturas del día, medita el Evangelio, reza con la Liturgia de las Horas, ¡y vive todo el día en oración!
Lecturas de hoy:
21 de junio 2026
Celebramos:
Ciclo: A
Año: II
Color: Verde
XII
Semana del Tiempo de Ordinario
Evangelio
Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo Jesús dijo a sus apóstoles: "No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche repítanlo en pleno día y lo que les digo al oído pregónenlo desde las azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto no tengan miedo porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres yo también lo reconoceré ante mi Padre que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos".
No tengan miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto no tengan miedo porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres yo también lo reconoceré ante mi Padre que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos".
Reflexión
El domingo pasado nos conmovíamos ante la escasez de operarios para la mies de Dios. Hoy el Evangelio de Mateo sale al encuentro del principal obstáculo que, me parece a mí, frena a un joven ante el llamado del sacerdocio, el miedo.
Miedo a perder las seguridades del mundo, miedo a la soledad o a no ser capaz de vivir el celibato. Ante esto, Jesús nos regala una certeza entrañable: ‘¿No se vende un par de gorriones por muy poco? y sin embargo, ni uno solo cae a tierra sin el consentimiento de su Padre. No tengan miedo, ustedes valen más que muchos gorriones’.
Si el Padre cuida con tal delicadeza de las criaturas más pequeñas, ¡con cuánta mayor ternura sostendrá la vida, la fidelidad y la historia del joven que se atreve a consagrarse a Él! El llamado al sacerdocio no es una resta, es una multiplicación; hermanos, no es una pérdida, es la ganancia de una felicidad que el mundo jamás podrá ofrecer.
Queridos jóvenes, queridos hermanos, responder al Señor con un sí valiente no significa caminar hacia una vida gris o vacía; al contrario, es entrar en la dinámica de una alegría desbordante que brota de la entrega absoluta. Consagrar la vida no es un desprecio, sino la inversión más fecunda que podemos hacer, porque Dios nunca se deja ganar en generosidad.
Y a ustedes, padres de familia, me dirijo nuevamente, les recuerdo: No tengan miedo de que sus hijos lo dejen todo por Cristo, el Padre Celestial cuidará de ellos mejor de lo que nosotros mismos podemos hacerlo. Perder el miedo al abandono en las manos de la Providencia es el primer paso para descubrir que la verdadera realización no está en retener nuestra vida, sino, como dice el Evangelio, en entregarla por entero en el altar. Hermanos, vale la pena ser sacerdote.
Y recuerda, si el miedo te paraliza, vuelve tus ojos a Jesús, que se entregó por completo por ti. Jesús, en medio del miedo de Getsemaní, levantó su voz y sus ojos al cielo. Haz tú lo mismo.
Miedo a perder las seguridades del mundo, miedo a la soledad o a no ser capaz de vivir el celibato. Ante esto, Jesús nos regala una certeza entrañable: ‘¿No se vende un par de gorriones por muy poco? y sin embargo, ni uno solo cae a tierra sin el consentimiento de su Padre. No tengan miedo, ustedes valen más que muchos gorriones’.
Si el Padre cuida con tal delicadeza de las criaturas más pequeñas, ¡con cuánta mayor ternura sostendrá la vida, la fidelidad y la historia del joven que se atreve a consagrarse a Él! El llamado al sacerdocio no es una resta, es una multiplicación; hermanos, no es una pérdida, es la ganancia de una felicidad que el mundo jamás podrá ofrecer.
Queridos jóvenes, queridos hermanos, responder al Señor con un sí valiente no significa caminar hacia una vida gris o vacía; al contrario, es entrar en la dinámica de una alegría desbordante que brota de la entrega absoluta. Consagrar la vida no es un desprecio, sino la inversión más fecunda que podemos hacer, porque Dios nunca se deja ganar en generosidad.
Y a ustedes, padres de familia, me dirijo nuevamente, les recuerdo: No tengan miedo de que sus hijos lo dejen todo por Cristo, el Padre Celestial cuidará de ellos mejor de lo que nosotros mismos podemos hacerlo. Perder el miedo al abandono en las manos de la Providencia es el primer paso para descubrir que la verdadera realización no está en retener nuestra vida, sino, como dice el Evangelio, en entregarla por entero en el altar. Hermanos, vale la pena ser sacerdote.
Y recuerda, si el miedo te paraliza, vuelve tus ojos a Jesús, que se entregó por completo por ti. Jesús, en medio del miedo de Getsemaní, levantó su voz y sus ojos al cielo. Haz tú lo mismo.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Ernesto María Caro de Evangelización Activa.
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