Lecturas de hoy

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Lecturas de hoy:

22 de junio 2026

Celebramos:

Ciclo: A
Año: II
Color: Verde
XII
Semana del Tiempo de Ordinario
Evangelio de hoy
Evangelio
Reflexión
Primera lectura
Salmo de hoy

Evangelio

Mateo 7, 1-5
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No juzguen, y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo".

Escuchar el Evangelio de hoy y su reflexión

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Reflexión

Familia, el Evangelio de hoy nos muestra una tentación del corazón humano, el juzgar. No se trata solo de emitir un juicio, sino de colocarnos, casi sin darnos cuenta, en el lugar de Dios. Jesús comienza con una frase contundente: ‘No juzguéis’. 

Pero sería un error pensar que nos pide renunciar al discernimiento, lo que Cristo denuncia es algo mucho más sutil y peligroso: el juicio que nace del orgullo, de la autosuficiencia, de una falsa superioridad moral; por eso utiliza una imagen casi exagerada, una astilla en el ojo del hermano y una viga en el propio. 

No es simplemente una comparación, es un diagnóstico; muchas veces de nuestra propia vida. El problema del hombre no es solo que peque, sino que pierde la capacidad de verse a sí mismo con verdad y con justicia.  Aquí está el núcleo del mensaje: el pecado de fondo no es juzgar al otro, sino hacerlo sin haberse juzgado primero a uno mismo. Porque cuando uno se juzga a sí mismo y si puede lograr verse con la misericordia de Dios, es cuando podrá juzgar con misericordia y con verdad al hermano. 

En este sentido, Santo Tomás de Aquino afirma que: ‘juzgar es legítimo cuando se hace conforme a la recta razón, pero se vuelve pecado cuando procede de la sospecha temeraria o de la soberbia del corazón’. Es decir, no todo juicio es malo, pero sí lo es aquel que usurpa el lugar de Dios o ignora la propia miseria. 

Y el Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa con gran claridad: ‘El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y palabra susceptibles de causar un daño injusto’. Muchas veces nuestros juicios no construyen, sino que destruyen. 

Jesús no nos pide cerrar los ojos ante el mal, nos pide algo más exigente: comenzar por nosotros mismos, porque solo quien ha reconocido su propia fragilidad y se ha visto con misericordia, puede mirar la fragilidad con misericordia del otro. 

Y entonces ocurre algo bello, algo hermoso: se cambia la mirada, ya no vemos enemigos, sino hermanos que están creciendo; ya no vemos defectos, sino heridas que sanar. Este Evangelio no es una invitación a la pasividad, sino a la conversión primero personal; antes de corregir, hay que purificar el propio corazón; antes de señalar, hay que examinarse primero; antes de hablar, hay que mirarse, porque solo el que ha quitado la viga de su ojo puede realmente ayudar al otro. Y esa es la gran diferencia entre juzgar y amar. 

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey.
En colaboración con Evangelización Activa.

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