Una mirada de amor
Domingo 17 de junio de 2007
La raíz de nuestro corazón duro es el pecado; la vida religiosa es superficial, nos convertimos en gente tibia e indiferente y vemos todo como normal; tenemos hambre y sed de Dios, aunque nos creemos buenos, pero sólo cuando nos abrimos a Dios nos damos cuenta de nuestros pecados. Somos cristianos por herencia y tradición sin vivir ni entender los sacramentos ni las celebraciones. El arrepentimiento se muestra a través del dolor por el pecado; cuando Pablo narra su conversión muestra su experiencia del amor de Dios, quien le muestra su infinita misericordia y lo hace consciente de su ser pecador; la mirada de Dios consigue la conversión de los pecadores: Pedro, Zaqueo, el hombre crucificado con él. Por eso hay que estar atentos para ver cuándo Dios para cerca de mí para poder dejar que me invite a tener una experiencia de su amor infinito. Debemos buscar a Jesús y él se dejará encontrar por nosotros. El amor de Dios transforma nuestra vida.
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